
Son las fracturas de los maléolos, los relieves óseos del tobillo. Pueden afectar a uno o a varios, y con frecuencia se acompañan de lesión de los ligamentos, lo que determina si el tobillo queda estable o no.
Son las fracturas de los maléolos, los relieves óseos del tobillo. Pueden afectar a uno o a varios, y con frecuencia se acompañan de lesión de los ligamentos, lo que determina si el tobillo queda estable o no.

Exploración y estudio de imagen en la consulta de pie y tobillo.
Se pauta en cada revisión, según el tipo de fractura, cómo se haya fijado y lo que muestren las radiografías de control. No hay un plazo único aplicable a todas. Lo que sí es habitual es iniciar pronto el movimiento del tobillo cuando la fijación lo permite, porque ayuda a la recuperación posterior aunque todavía no se pueda cargar peso.
No. Las fracturas estables y bien alineadas se tratan sin cirugía, con inmovilización, control de la carga y radiografías de seguimiento para confirmar que la posición se mantiene. Lo que decide es la estabilidad: si el tobillo conserva su posición correcta y las estructuras que lo sujetan están íntegras, no hace falta operar.
No siempre. Se plantea cuando el material molesta, roza con el calzado o limita el movimiento. Muchas personas conviven con él sin ninguna molestia durante años. Es una segunda intervención, menor pero intervención al fin y al cabo, así que se valora si hay un motivo concreto y no por norma.
Es el riesgo principal a largo plazo en las fracturas que afectan a la superficie articular, y es exactamente la razón por la que se insiste tanto en la precisión de la reducción. Devolver la anatomía de la pinza del tobillo a su sitio es lo que mejor protege el cartílago. Aun así, una lesión articular importante puede dejar secuelas con el tiempo, y por eso el seguimiento se mantiene.