Casos reales — Traumatología especializada
Tendinopatías de pie y tobillo
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Agrupa los problemas de los demás tendones del pie y el tobillo: el tibial posterior, que sostiene el arco por dentro; los peroneos, que estabilizan por fuera; y el resto de tendones que mueven el pie. Pueden inflamarse, degenerarse, subluxarse o llegar a romperse.
Traumatología especializada
Tendinopatías de pie y tobillo
Agrupa los problemas de los demás tendones del pie y el tobillo: el tibial posterior, que sostiene el arco por dentro; los peroneos, que estabilizan por fuera; y el resto de tendones que mueven el pie. Pueden inflamarse, degenerarse, subluxarse o llegar a romperse.
Cuándo conviene consultar
• Dolor e hinchazón siguiendo el trayecto de un tendón concreto.
• Pérdida de fuerza para un movimiento determinado.
• Chasquido o sensación de que un tendón «salta» por detrás del maléolo.
• El arco del pie se está bajando o el tobillo se va hacia fuera.
Valoración
Cómo se valora
Se identifica el tendón afectado por localización, dolor a la palpación y pérdida de fuerza en su movimiento específico. La ecografía permite ver el tendón en movimiento y es especialmente útil en las subluxaciones; la resonancia se reserva para casos con sospecha de rotura o afectación extensa.
Opciones de tratamiento
Conservador: descarga selectiva con plantillas u ortesis, control de la actividad y un programa de fortalecimiento progresivo del tendón afectado. Quirúrgico: limpieza del tejido degenerado y reparación del tendón; estabilización cuando el tendón se sale de su corredera; y transferencia tendinosa —usar otro tendón para sustituir la función perdida— cuando el original ya no es recuperable. Si hay una deformidad del pie que está sobrecargando el tendón, se corrige también.
Cómo es la recuperación
Protección inicial seguida de fortalecimiento progresivo. La recuperación de fuerza es la parte más lenta y la que determina cuándo se puede volver a la actividad previa.
Cómo te atendemos
El mismo proceso en todos los casos
Escuchamos el motivo de consulta completo y exploramos el pie y el tobillo en carga y sin carga. Las pruebas se piden cuando cambian la decisión, no por rutina. Explicamos las alternativas —incluida la de no operar—, qué implica cada una y qué recuperación tiene. Empezamos por lo más conservador que resuelva el problema. Fisioterapia, podología y nutrición trabajan en el mismo centro, de forma coordinada.
Preguntas frecuentes
¿Se puede romper un tendón sin darse cuenta?
Sí. El tibial posterior puede ir fallando de forma progresiva, sin un momento claro de rotura, y el primer signo que nota la persona es que el pie se le está aplanando o que le cuesta ponerse de puntillas. Por eso conviene consultar ante un dolor mantenido en el trayecto de un tendón, aunque no haya habido ningún golpe ni un episodio agudo.
¿La ecografía es suficiente para el diagnóstico?
Para muchos tendones sí, y tiene una ventaja importante: permite explorarlos en movimiento, algo que ninguna otra prueba hace. Es especialmente útil cuando se sospecha que un tendón se sale de su corredera, porque el diagnóstico depende de verlo en el gesto que lo provoca. La resonancia se reserva para casos con sospecha de rotura o afectación extensa.
¿Qué es una transferencia tendinosa?
Consiste en usar otro tendón para que asuma la función del que ya no es recuperable. Se elige uno cuya pérdida se compense bien y se reorienta hacia la función que falta. Es una solución habitual cuando el tendón original está degenerado más allá de lo reparable, y permite recuperar un movimiento que de otro modo se perdería.
¿Por qué me proponen corregir también la forma del pie?
Porque a menudo el tendón se ha degenerado precisamente por la sobrecarga que le impone la forma del pie. Reparar el tendón y devolverlo a la misma situación mecánica que lo dañó hace previsible que vuelva a fallar. Cuando existe esa deformidad de fondo, corregirla forma parte del tratamiento del tendón, no es una cirugía añadida.