
Son defectos localizados del cartílago —y a veces del hueso que hay debajo— en la superficie del astrágalo. Suelen aparecer tras un esguince grave o una fractura, y también en tobillos inestables que sufren episodios repetidos.
Son defectos localizados del cartílago —y a veces del hueso que hay debajo— en la superficie del astrágalo. Suelen aparecer tras un esguince grave o una fractura, y también en tobillos inestables que sufren episodios repetidos.

Exploración y estudio de imagen en la consulta de pie y tobillo.
El tejido que se forma tras estas técnicas no es idéntico al cartílago original, pero en muchos casos es suficiente para eliminar el dolor y mantener la función del tobillo. Conviene tener esa expectativa clara: el objetivo es un tobillo que no duela y aguante la actividad, no devolver la articulación a su estado previo a la lesión.
Porque la radiografía muestra el hueso, no el cartílago. Una lesión condral puede no verse en absoluto en una radiografía normal y aun así explicar perfectamente el dolor. Por eso, ante un tobillo que no mejora semanas después de un esguince, se solicita resonancia: es la prueba que muestra el cartílago y el hueso que hay debajo.
Bastante. El tamaño es uno de los factores que más condicionan el resultado y es lo que orienta la elección de la técnica: en las lesiones pequeñas se limpia el defecto y se estimula la reparación del hueso subyacente, mientras que en las más grandes ese gesto resulta menos fiable y se recurre a técnicas de relleno o injerto. Por eso se mide con precisión antes de decidir.
Si el tobillo es inestable, sí. Reparar el cartílago y dejar el tobillo fallando expone la reparación exactamente al mismo mecanismo que produjo la lesión, con lo que es previsible que vuelva a dañarse. Cuando ambas cosas coinciden, lo habitual es resolverlas en el mismo acto quirúrgico en lugar de encadenar dos intervenciones.